jueves, 21 de mayo de 2026

 

En este momento alguien está mintiendo: Panorama de la desinformación científica en México

 

A manera de Introducción: La verdad amenazada en la era de la información


Vivimos en una paradoja histórica sin precedentes: nunca antes la humanidad había tenido acceso a tanta información y, al mismo tiempo, nunca antes había sido tan difícil distinguir lo verdadero de lo falso. En pleno siglo XXI, cuando la ciencia ha logrado secuenciar el genoma humano, desarrollar vacunas en tiempo récord y conectar a miles de millones de personas a través de redes digitales, una amenaza silenciosa y persistente corroe los cimientos del conocimiento compartido: la desinformación científica.

                                                                                                                                                                          Fuente de imagen: Adobe Stock.

En este momento, mientras usted lee o escucha estas líneas, alguien está mintiendo. Lo hace en una pantalla, en un audio de WhatsApp, en un cartel pegado en la esquina de una colonia, en un meme que viaja de teléfono en teléfono con la velocidad de un rumor. Y lo hace, muchas veces, con éxito.

La desinformación no es un fenómeno nuevo. Como señalan Trent et al. (2008, citados en Aranda-Andrade et al., 2022), la propaganda y la desinformación tienen un origen que se remonta al nacimiento de la propia especie, aunque su alcance y velocidad de propagación han cambiado radicalmente con el aumento de la población y la mejora de las comunicaciones. Lo que sí es radicalmente nuevo es el ecosistema en que esta desinformación prospera: el entorno digital, las redes sociodigitales y la arquitectura de plataformas diseñadas para maximizar el compromiso de informar, aunque muchas veces no la veracidad.

La desinformación científica —aquella que distorsiona, falsifica o niega deliberadamente el conocimiento producido por la ciencia— resulta particularmente dañina porque ataca la base misma sobre la que las sociedades modernas toman decisiones colectivas en materia de salud pública, política ambiental, educación, políticas públicas, gobernanza y tecnología. Cuando se difunde que una vacuna causa autismo, que el cambio climático es un invento político o que un remedio casero cura el cáncer, las consecuencias no se quedan en el plano de la opinión: se traducen en muertes evitables, en epidemias que reaparecen, en políticas públicas basadas en mentiras.

El problema se extiende tanto en los entornos digitales como en los medios analógicos tradicionales. Si bien las redes sociales han amplificado la velocidad y el alcance de la desinformación de manera exponencial, sería un error desestimar los canales clásicos: la televisión de baja credibilidad, las publicaciones de pseudociencia en papel, los vendedores de remedios milagrosos en mercados y ferias, la transmisión oral de creencias sin fundamento. La desinformación viaja por todos los canales posibles y se adapta a cada uno de ellos con una plasticidad desconcertante.

Para México, país con enormes desigualdades en el acceso a la educación de calidad y con una larga tradición de desconfianza hacia las instituciones, el problema adquiere dimensiones particularmente preocupantes. La desinformación científica no es solo un problema de medios de comunicación: es un problema de salud pública, de democracia y de justicia social.

El mapa de la mentira. Datos y rostros de la desinformación científica en México

El panorama global como contexto

Para comprender la magnitud del problema en México, es necesario primero situar el fenómeno en su dimensión global. El Global Risks Report 2024 del Foro Económico Mundial, elaborado con base en las opiniones de más de 1,400 expertos en riesgos globales, responsables políticos y líderes del sector encuestados en 2023, identificó la información errónea y la desinformación como los mayores riesgos a corto plazo para la humanidad, por encima del cambio climático, los conflictos armados y la inestabilidad económica (Foro Económico Mundial, 2024). Este dato no es menor: significa que la comunidad experta internacional considera que vivimos una crisis epistémica de primera magnitud, una crisis de la verdad que amenaza la estabilidad de las democracias y la cohesión de las sociedades.

En América Latina, la situación es igualmente alarmante. De acuerdo con el estudio Fake news - Desinformación en Chile y LatAm, realizado por la empresa Activa en colaboración con la Worldwide Independent Network of Market Research (WIN), que entrevistó a 6,049 participantes en ocho países entre octubre y diciembre de 2022, el 73% de los encuestados consideró que la desinformación en las noticias es un problema importante en su país (Activa/WIN, 2022, citados en Statista, 2024). El mismo estudio reveló que un porcentaje significativo de latinoamericanos se enfrenta a noticias engañosas o falsas todos o casi todos los días.

En el caso específico de México, la Universidad Nacional Autónoma de México ha señalado que el país cuenta con una capacidad media-alta para propagar noticias falsas, situándose a la par de naciones como Brasil, Turquía y Reino Unido, y siendo considerado entre los mejor posicionados en cuanto a organización, difusión y penetración de información falsa, con las redes sociodigitales como el nicho perfecto para crear campañas de desinformación (Hernández-Pérez, 2021, UNAM).

La infodemia: el caso paradigmático de la COVID-19

El ejemplo más dramático y reciente de desinformación científica a escala masiva fue la infodemia asociada a la pandemia de COVID-19. La Organización Mundial de la Salud acuñó este término para describir la sobreabundancia de información —tanto correcta como incorrecta— que se produjo simultáneamente a la emergencia sanitaria. La OMS documentó que la infodemia resultó tan peligrosa como la propia enfermedad, pues impedía que las personas encontraran fuentes confiables y orientaciones basadas en evidencia científica cuando más las necesitaban (Organización Mundial de la Salud, 2020).

En México, la desinformación relacionada con la COVID-19 alcanzó niveles particularmente preocupantes. Se difundieron ampliamente curas falsas y sitios web engañosos que crearon un falso sentido de seguridad en la población y llevaron a muchas personas a evitar medidas preventivas eficaces (García-Marín & Merino-Ortego, 2022, citados en Reyes-García et al., 2024). A través de plataformas como WhatsApp, Telegram, Instagram y Twitter (ahora X) circularon afirmaciones de que las vacunas contra el COVID-19 generaban graves efectos secundarios, contenían microchips para espiar a la población o alteraban el material genético de quienes las recibían (Agencia Reuters, citada en Ámbito, 2021).

Las consecuencias fueron concretas y medibles. Según declaraciones del entonces subsecretario de Salud Hugo López-Gatell en julio de 2021, más del 97% de las personas hospitalizadas por COVID en ese momento eran personas que no se habían vacunado (López-Gatell, 2021, citado en Ámbito, 2021). Un sondeo de la firma Consulta Mitofsky reveló que, entre principios y finales de julio de 2021, el porcentaje de mexicanos que no quería vacunarse creció del 2.9% al 7.2%, un incremento que coincidió con el pico de circulación de desinformación en redes sociales sobre los efectos adversos de las vacunas (Consulta Mitofsky, 2021, citado en Ámbito, 2021). Un estudio global de Facebook y la Universidad de Maryland concluyó, por su parte, que el 11.4% de los mexicanos declaraba que no se vacunaría (Facebook/Universidad de Maryland, 2021, citado en Ámbito, 2021).

El movimiento antivacunas: desinformación con historia y consecuencias

La desinformación sobre vacunas no nació con la pandemia. Su genealogía moderna se remonta a 1998, cuando la revista The Lancet publicó un estudio —que años después sería retirado por fraudulento— en el que se afirmaba que la vacuna triple viral estaba relacionada con casos de autismo en niños menores de cinco años. Aunque la información fue desmentida en 2004 y el artículo retirado de la publicación, el daño ya estaba hecho: el movimiento antivacunas había encontrado su bandera científica, y la mentira ya había recorrido el mundo mucho antes de que la verdad pudiera alcanzarla (Expomedhub, 2019).

En México, las consecuencias de esta corriente de desinformación se hicieron patentes incluso antes de la pandemia. En 2019, la Secretaría de Salud registró 20 casos de sarampión, de los cuales la mitad de los pacientes no estaban vacunados. El Boletín Epidemiológico de la dependencia documentó al menos 500 personas contagiadas de sarampión por contacto con esos casos importados (Secretaría de Salud, 2019, citada en Expomedhub, 2019). El subsecretario Hugo López-Gatell advirtió ese año que las coberturas de vacunación habían descendido al 70%, cuando la cifra necesaria para mantener la inmunidad de rebaño es del 95% (López-Gatell, 2019, citado en Expomedhub, 2019). La OMS había declarado a México libre de sarampión en la década de los noventa, y desde 2006 no se había registrado un solo caso autóctono: la desinformación estaba revirtiendo décadas de trabajo en salud pública.

Investigadores del Colegio Nacional han documentado los mitos más difundidos en México sobre las vacunas: que contienen elementos tóxicos como chips, mercurio, RNA y DNA que cambian el material genético; que causan autismo, síndrome de muerte súbita y esclerosis múltiple; que con higiene las vacunas no son necesarias; y que si los demás niños ya están vacunados, no es necesario vacunar a los propios hijos (El Colegio Nacional, 2025).

Los canales de la mentira: digitalidad y medios análogos

La desinformación científica no fluye por un solo canal. En el entorno digital, las redes sociodigitales han encontrado una particular forma de comunicación que facilita la propagación de contenidos falsos por la velocidad, cantidad y variedad de tipos de información que se recibe, siendo complejo percibir la veracidad del mensaje (Arjona et al., 2024). Los memes, en particular, funcionan como vectores privilegiados de desinformación científica: mediante mensajes satíricos y con sentido humorístico reflejan hechos de la vida cotidiana, propiciando una empatía que facilita la aceptación acrítica de su contenido.

Sin embargo, la desinformación no se limita al mundo digital. En México, los medios análogos —radio comunitaria, televisión de señal abierta con bajo rigor editorial, publicaciones de medicina alternativa, la transmisión oral en comunidades con bajo acceso a internet— siguen siendo canales activos de propagación de información científica falsa. La omisión deliberada de información también juega un papel fundamental: cuando un medio resalta ciertos datos y silencia otros por interés particular, está contribuyendo a la desinformación tanto como quien fabrica una noticia falsa (Arjona et al., 2024).

El entorno de las redes sociales presenta además el problema de los algoritmos de recomendación, diseñados para maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios en las plataformas, lo que favorece los contenidos que generan reacciones emocionales intensas —entre los cuales la desinformación científica alarmista ocupa un lugar privilegiado— por encima de los contenidos veraces pero menos impactantes. Como ha señalado el Secretario General de Naciones Unidas, las empresas de tecnología deben dejar de amplificar y beneficiarse de la difusión de desinformación y otros contenidos dañinos (Naciones Unidas en México, 2024).

 

A manera de Conclusión: Construir la verdad es una tarea colectiva

La desinformación científica no es una fuerza natural incontrolable, ni el producto inevitable del progreso tecnológico. Es el resultado de decisiones humanas —de quienes producen, amplifican y monetizan la mentira— pero también de omisiones colectivas: de sistemas educativos que no han enseñado a pensar críticamente, de instituciones que no han sabido comunicar la ciencia de manera accesible, de ciudadanos que comparten sin verificar, de gobiernos que han instrumentalizado la duda científica para sus propios fines.

Frente a este panorama, las alternativas existen y son múltiples. Se trata de una responsabilidad distribuida entre ciudadanos, instituciones educativas, medios de comunicación, plataformas tecnológicas y gobiernos.

En primer lugar, la alfabetización mediática e informacional (AMI) se perfila como la respuesta estructural más poderosa. La UNESCO promueve activamente en México, a través de la Red AMI México, el desarrollo de competencias que permitan a la ciudadanía acceder, analizar y evaluar contenidos de manera crítica y reflexiva (UNESCO, 2024). Esta red es un proyecto colaborativo entre instituciones, academia y organizaciones de la sociedad civil —entre las que se cuenta la BUAP— orientado a combatir la desinformación y los discursos de odio. Como ha señalado la UNAM, existen tres maneras de luchar contra la desinformación: "educación, educación y educación" (Marván Laborde, citado en UNAM, 2024). Incorporar la AMI desde la educación básica hasta la universidad es una tarea impostergable.

En segundo lugar, los medios de comunicación —tanto digitales como analógicos— tienen la responsabilidad de fortalecer sus prácticas de verificación de hechos (fact-checking). Varios medios y redes sociodigitales han comenzado a desarrollar estrategias para la verificación de noticias, creando equipos especializados encargados de confirmar y comprobar datos para detectar errores, imprecisiones y mentiras (Aranda-Andrade et al., 2022). En México, iniciativas como Verificado, Animal Político y otros medios independientes han apostado por este modelo, que debe ser fortalecido y multiplicado.

En tercer lugar, las plataformas tecnológicas tienen una responsabilidad que no puede seguir siendo evadida. La OPS ha señalado explícitamente que la desinformación es una de las amenazas más graves para la salud pública, y ha trabajado con empresas como X, Google y Facebook para garantizar que los mensajes sanitarios con fundamento científico aparezcan en primer lugar en las búsquedas de información (Organización Panamericana de la Salud, 2021). Los Estados, por su parte, deben impulsar marcos regulatorios que exijan transparencia algorítmica y responsabilidad editorial a las plataformas, sin caer en la tentación de instrumentalizar esa regulación para silenciar la disidencia legítima.

En cuarto lugar, la comunidad científica mexicana tiene el deber ético de salir de sus torres de marfil y comunicar sus hallazgos de manera accesible, honesta y constante. La ciencia que no llega a la gente cede el espacio a la pseudociencia. Instituciones como la UNAM, el IPN, el SECIHTI (antes Conacyt) y el Colegio Nacional tienen plataformas y autoridad moral para desmentir la desinformación científica con datos, con claridad y con presencia permanente en los espacios donde la gente busca respuestas.

Finalmente, cada ciudadana y ciudadano puede convertirse en un nodo de resistencia frente a la mentira. Verificar antes de compartir, consultar fuentes primarias, desconfiar de las soluciones milagrosas y de los mensajes que explotan el miedo o la indignación, y educar con el ejemplo en los propios entornos familiares y comunitarios son actos políticos de primera magnitud en la era de la infodemia. Como ha alertado el Informe de Riesgos Globales 2025 del Foro Económico Mundial, la desinformación figura entre las principales amenazas que enfrentaremos en los próximos cinco años (Foro Económico Mundial, 2025, citado en Excélsior, 2025). Pero las amenazas pueden enfrentarse. La verdad, aunque llegue cojeando, siempre llega.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

Activa Research & Worldwide Independent Network of Market Research (WIN). (2022). Fake news - Desinformación en Chile y LatAm. Statista. https://es.statista.com/grafico/31618/

Arjona, M., Agramón, J., & Lechuga, J. (2024). La desinformación en la percepción de los usuarios de internet. Revista Saber, Ciencia y Libertad, 19(2), 143–165. https://doi.org/10.18041/2382-3240/saber.2024v19n2.11507

Aranda-Andrade, M. et al. (2022). Noticias falsas en tiempos de la posverdad. Andamios. Revista de Investigación Social, 19(50), 89–114. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-49112022000200089

El Colegio Nacional. (2025, 26 de mayo). México, de ejemplo en vacunación a escasez de vacunas y regreso de enfermedades. https://colnal.mx/noticias/mexico-de-ejemplo-en-vacunacion-a-escasez-de-vacunas-y-regreso-de-enfermedades/

Excélsior. (2025, 3 de noviembre). Alfabetización mediática en México. Excélsior. https://www.excelsior.com.mx/opinion/london-eye/alfabetizacion-mediatica-en-mexico/1749334

Expomedhub. (2019). Grupos antivacunas ponen en riesgo salud de México. https://www.expomedhub.com/nota/sistemas-de-salud/antivacunas-riesgo-salud-mexico

Foro Económico Mundial. (2024). Global Risks Report 2024. World Economic Forum. https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2024/

García-Marín, D., & Merino-Ortego, M. (2022). Desinformación científica en Iberoamérica durante la COVID-19. Citados en: Reyes-García, C. et al. (2024). Desinformación digital y democracia en Iberoamérica: retos y oportunidades de la Lex Criptográfica. Comunicación y Sociedad, 2024. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-51362024000100015

Hernández-Pérez, J. (2021). México tiene capacidad media para propagar noticias falsas. Dirección General de Comunicación Social, UNAM. https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2021_937.html

Marván Laborde, M. (2024). Alfabetización mediática contra la desinformación. Coordinación para la Igualdad de Género, UNAM. https://coordinaciongenero.unam.mx/2024/06/alfabetizacion-mediatica-contra-la-desinformacion/

Naciones Unidas en México. (2024). Acciones contra la desinformación en tiempos electorales. https://mexico.un.org/es/269499-acciones-contra-la-desinformación-en-tiempos-electorales

Organización Mundial de la Salud (OMS). (2020). Aplanemos la curva de la infodemia. https://www.who.int/es/news-room/spotlight/let-s-flatten-the-infodemic-curve

Organización Panamericana de la Salud (OPS). (2021, 21 de abril). La desinformación alimenta las dudas sobre las vacunas contra la COVID-19, según la Directora de la OPS. https://www.paho.org/es/noticias/21-4-2021-desinformacion-alimenta-dudas-sobre-vacunas-contra-covid-19-segun-directora-ops

Secretaría de Salud de México. (2019). Boletín Epidemiológico. Citado en: Expomedhub. (2019). Grupos antivacunas ponen en riesgo salud de México.

UNESCO. (2024). Red para la Alfabetización Mediática e Informacional en México (Red AMI México). https://www.unesco.org/es/articles/red-para-la-alfabetizacion-mediatica-e-informacional-en-mexico

 

jueves, 27 de enero de 2022

 

Simbiosis

La vida es un valle repleto de follajes caduciformes con ríos perennes por el mito del ciclo acuático, con maizales adictos a la lluvia, flores endebles, pastos crecidos y arrancados solo por pausas, campanarios que replican en la conciencia con el mismo abanico con el que el viento enfría la tierra, y replican en lluvia de botones amarillos por todas partes, replican como las alas en vuelo, replican, los campanarios y lo hacen en imágenes incisivas escasas de horas y convertidas en recuerdos. La vida, es una simple marioneta que teje redes incontables, redes para antifaces que emergen de la luz, del traspatio de los huesos vocingleros de hoscas representaciones inconscientes. Las manos se extienden y el cuello cede en las horas vespertinas. Hay dedos sobre las teclas. Las manecillas han dejado su danza y yacen inconscientes entre los brazos. Ya no es medio día.

Sólo algunas horas pasaron, la cresta había enrojecido, la luz ahora a contraviento me dejaba existir entre sus ojos, a contraviento deseaba dormir, descansando aquí, a la orilla de una copa de vino. Ahora puedo percibir a los viajeros que danzan en el vuelo ligero de la tinta. El vacío está casi extinto, tengo palabras: puedo ser las alas de la mariposa que reposa dentro, otra vez muy adentro, o quizá, el talón que tanto deseas; déjame cavar en los espacios vacíos, en los recovecos que aún no has pensado y que sobran cuando la brisa se huele con la lengua. Soy tu saliva, las hojas aún se aferran a pesar del otro viento, el que oscuro en los andamios reposa, soy la saliva que resbala por tu garganta tragándome contigo. En la espesura, sus mitos aprisionando los míos. Mis palmas resbalan, froto mis ojos en los suyos, nuevamente la luz escapa de los vidrios salvando mi piel con la suya. Ahora todo funciona como si la muerte no existiera... Perdí la llave... Y sabía que ella debía ser. Ella era tal y como yo la describía, como la soñaba tras la cortina de los párpados; matutina, suave al roce de las fragancias, magníficamente de piel, de concierto entre cuerpo y alma, un poco frágil pero construida exactamente bajo la palabra de mi concierto. Ella diría lo que yo, sin duda alguna, él escribiría.

María partió después del primer parpadeo. Imaginó las avenidas como ríos espesos con sus burbujas flotando, con sus rostros neón. Vagos resquicios quedan cuando se abre la cubierta y el viento nuevo invade hasta la habitación última. La cresta ahora tan grande como yo, navega por mi sombra, me custodia hipnotizándome con los susurros de su vientre cuando al alba se entrega por todo mi cuerpo. Repito su nombre con la explosión de sus dedos entre los míos. Me carcome los labios y dispone de la materia que ocupa un lugar en el espacio, en la perspectiva oblicua de mis oídos. No te descubro aquí, mis ojos deben descender por las letras hasta hallarte en cada uno de los cuerpos que la tinta esparce. Divago, la luz no funciona, mi mirada se aletarga, se desvanece.

Ayer llamé a María. Me citó en la sala de mi casa. Prometí estar. Las olas pasean sobre mi pecho. Las palabras están muy bien acomodadas. El sabor de sus ojos en mis mejillas me sostiene intacto bajo el incienso de los labios. La figura de sus caricias gotea en mis ojos y los buques intentan zarpar a la madrugada justo después de la primera hora. El tren vuelve a anunciar la salida en la velada, es el último, no habrá otro.

Llegué a la hora convenida en la cita. Las cortinas recorridas dejan en su lugar los mares y las tierras, los ceniceros impecables, ausentes de miedo, el polvo tan esparcido e inerte con sus brazos inasibles y frágiles, extendidos por la bóveda sin rostro. El color de la habitación abre agujeros pequeños donde jamás se ha puesto el sol, hay recovecos para las matrices deseosas de figuras de hielo y galletas de horno. La lámpara se mantiene en pie. Me siento de frente a la puerta en espera mientras los pensamientos galopan. El veneno del ruido inicia su trabajo. Me hundo en el asiento y olvido la distancia que existe entre mis pies y el suelo, entre la tinta y el papel. Entonces cerré los ojos sin darme cuenta. ¿Cómo podía decirle que yo era el narrador? Escribió mi historia con sus versos y me dio el sí, pero nunca me nombró. Continué siendo el que describe a Cresta y María, y también a él.

    La muerte ha vengado por mucho tiempo a la vida, a mi vida. El actor abandona a su personaje y cambia de piel. Este es el final, así lo ha decidido. Puso el punto, dobló la hoja en dos partes y acomodó la copia en la carpeta. En el sobre de envío ha puesto el apartado postal y el título de la obra, de él sobresalen las flores a contraviento; y eso, a pesar de lo tupido de los campos con su color violeta. Algún día nunca le dije de mí, de mi espalda plana, de mi ser. En la lejanía se detiene, se escurre en la marea de la noche y hace cantos sobre la piel de los árboles, anida y reproduce la vida. Entonces, un valle repleto de follajes caduciformes dibujan la marioneta. Las manos se extienden y el cuello cede otra vez. Ya no hay dedos sobre las teclas ni manecillas inconscientes entre los brazos. Ahora, ya no es medio día.


jueves, 4 de febrero de 2021

 

Baby shower


¡Habíamos dicho a las ocho señores!, son casi las nueve, ¿pues a dónde andaban? Inquirió la damita enfrentándonos con su mirada verde, registrando nuestros gestos con una sonrisa suave, ligera, mientras la multitud llenaba, ya, el espacio. 

Empecé por recorrer los objetos, las ropas, los peinados, pero mi amigo me distrajo para ofrecerme un asiento a la diestra de la montaña grande. Fue entonces cuando la vi. En ella, platos y recipientes guardaban aromas y sabores para después de la asamblea. Los panecillos no dejan de ser atractivos para mi vista, se muestran muy propios en los platos barrocos y las soperas apalabradas que se disfrazan de jarros de cartón.

Los invitados al festín, algunos de mole, otros de chorizo y algunos más de mantequilla, esperan por nosotros; las cervezas y refrescos dan el toque de fiesta a ese momento convertido en recuerdo. La habitación se guarda para sí la bella torre de Babel, mi mirada no se retira de aquellos postres en todas las esquinas de la mesa mientras mis oídos almacenan todos los significados que flotan por aquella atmósfera tapizada con dióxido de carbono. Las cortinas permiten entrar más luz de la necesaria.

El turno llega y con cierta vergüenza realizo mi papel en la puesta de escena:

¡No pude ponerle el zapatito al muñeco! (Risillas forzadas). Soporté apenas unas cuantas leyes de las pupilas de los clientes al buffet antes de que mis pestañas corten la imagen de San Cristóbal que ondea en el tragaluz del techo; ellas crujen como suelen hacerlo las ramas con el viento, entonces recordé la oración de la Perfecta: Nosotros, pecadores, animados con tal confianza, acudimos a ti oh Madre, Virgen de las Vírgenes, a ti venimos, delante de ti nos presentamos gimiendo. No quieras, oh Madre, despreciar nuestras súplicas, antes bien escúchalas y cúmplelas. Amén.

Minerva me observa,

finjo divertirme al amparo de su felicidad.

Con una suave música los dedos de mis pies evitan que me fuera de lado, algunas chicas en escotes descomunales lucen sus esbeltas caras, de ésas, de glamour perfumado para una entrega de premios, oscilantes con sus cabelleras delgadas se muestran una a una, algunos tacones y algunas medias, más y más miradas, más y más risas, más y más… panecillos.

Llegaron los regalos, era el momento de la demostración de poderes. Me concentré muy seriamente en las texturas de las cajas, marquesinas con lindos moños, bebés danzando en los planos lisos de las diferentes etiquetas, del azul al rojo y luego al amarillo, sin dejar de lado al rosa y al verde.

Trassss, el primer premio, y la pregunta, -¿Éste de quién es?-  -Ahh, gracias Adelita, en verdad se te agradece-, ¡un mameluco!, ¡un biberón!, ¡un Baby Mink! y ¡chambras!, ¡más chambras! Todas ellas con nombre y apellido, ¿y los panecillos?, los había perdido de vista…

La matriarca empezó con los consejos, -no debes educarlo para la guerra, solito aprenderá-, le dijo al oído mientras Minerva escondía la botella de néctar de la vista del extraño. -¿Me darás mañana tu autorización para enviar todas las indicaciones a los señores piratas de las aguas del norte?, no hace falta la traducción, ellos son políglotas, sabrán descifrar los encantos de mamá-, aseveró la hija con tono cortés.

El viento abrió bruscamente la puerta del fondo dejando pasar una  ráfaga que en instantes invadió la torre de Babel, las lenguas empezaron a impacientarse, el bebé aún no nace y sus pucheros de vientre arrancan del público muestras de cariño; entonces, gritó la gran reina desde su trono al otro lado de la sala, -no puedes comer los panecillos hasta que él nazca-, sus ojos se clavaron profundamente haciéndome recordar la hora de entrada. Recordé que debía regresar a casa… Un velo de alquitrán de fabricación orgánica me detiene. ¡Dios santo!, es ella, la enorme estatua de navidad, ¡cuidadooo!, el Mink está a tus pies y tú has volteado la mirada, y esos son sus piecitos, esas las pantuflas y aquéllos los calcetines, los platos y los vasos, los rubios, los cristales, los espejos, los viajes que amenazo al romper la regla por mirar los panecillos, Minerva me mira nuevamente, giro el cuerpo y derramo las cajas, los escotes gritan, el Babel murmulla, la matriarca vocifera que él no ha nacido y entonces las miradas, los murmullos, los… los... los…

¡Habíamos dicho a las ocho señores! Ahora la sombra del eco cuando el ring, ring, ringggggg me hace reaccionar. El turno llega y con cierta vergüenza realizo mi papel, otra vez, en la puesta de escena.

martes, 17 de noviembre de 2020

 

Eximente

La noche asaltó una de las tardes de aquel jardín de hongos y pilares de aserrín. Fueron pasos, pasos de generaciones eternas y sin memoria, pasos rodeados de sonidos equivocados por la alucinación de los ecos, en lenguas diferentes, y traducidos a grafías que hurtaron el alma que nunca existió, pasos amodorrados que me condujeron a los recovecos donde no fui, donde jamás estaré, la noche se hizo día, y luego tarde, y un jardín.

Alguna vez, me detuvo justo frente a la puerta. Sus ojos dibujaron luz, en el principio de todo. Ahí, sólo para ver más allá, donde no hubo nada. El bosque abrió sus ramas para dejar pasar mis brazos y navegar en la miel de las colmenas. Caminar bajo el radiante sol al lado de las veredas, con el fleco de sueños hasta la comisura de los labios, y los dedos envueltos en los bolsillos. Sentir otra vez la vida invadir al cuerpo, sentarse a tomar café y platicar de los peces en la sala, al lado del público y sus otros actores.

El verano llegó, nuestras miradas buscaron más adentro, mucho más adentro. Empezaron a encontrar a los otros, sujetados todos de la mano, en amasijos de colores y formas, en vértices oblicuos que danzan en el aliento. Algunas fuentes se llenaron al tope y se desparramaron para poner verde al pasto que alimenta la conciencia del tiempo. Las olas se hicieron otra vez en la playa y el sol se trenzó en la línea del fondo del mar, hizo el amor y abortó sus fluidos para darle color al cielo de los atardeceres.

La plata se apoderó de las nubes e invadió sus entrañas para hacerlas flotar a la deriva, entre las olas del viento, entre las arrugas del alma… Muchos, siempre muchos besos se enterraron en nuestras pieles y también muchos tiempos se ahogaron entre nuestros cuerpos. Su larga cabellera se expandió por el alba de los sueños para preguntar al hechicero por las caricias, por los cuerpos convertidos en manos, invadiéndose unos a otros, sin regla, sin principio, sin fin, bocas devorando hasta la última caricia olvidada en el más remoto pliegue.

Cuando el otoño llegó y el último amanecer se fue de entre mis brazos la vi partir, arrojarse al vacío, al infinito vacío con las palmas pegadas al pecho y los amaneceres envueltos en un sobre rotulado con besos. Al salir para siempre, se detuvo por un instante en el umbral y musitó palabras ininteligibles. Creí que dijo que yo era suyo, pero no lo sé. Sólo quedaron las tardes de aquel jardín de hongos y pilares de aserrín. Ella, cerró los ojos, se dejó llevar por el viento. Polen, flotaba otra vez.

viernes, 16 de octubre de 2020

Oda a una cáscara de papa

 Primero, trazos que son certezas en un lienzo, en un muro, en los techos que cobijan las ideas.

Después, líneas, volutas, grafitos en el espacio blanco.

Existen nombres, y sistemas, construcciones verticales, crece.

Enmudece mi paranoia si nombrarte pincelea una gramática, entonces el orden, fluye.

En mi sueño te pregunto quién soy Yo ante el milagro, si de mis despojos humanos tú creas vida.


viernes, 9 de octubre de 2020

 

 Esferoide

 

...algo había valido la pena: la foto.

Podría pedirla y regalársela a María en una cajita de colores.

Luis María Davronel.

 Hugo Israel López Coronel

 

Tú primero. La banca puesta al sol, repleta de las sombras de algunos años, se hizo necesaria. Coquita, has caminado por senderos que no se han delimitado en los mapas; ¡no ves que eso es malo!, te puedes perder y luego hay que buscar entre las flechas escasas de sentido. Qué maña la tuya de hacer anagramas cuando la gente transpira ese olor a noción de experta. Ya sabes, una buena plática se inicia con el tema del clima. ¡Todos somos responsables de la catástrofe ecológica! ¡Así eh, con énfasis! ¡Todos somos responsables de la catástrofe ecológica! Ya después puedes ir hilando los otros temas: tráfico, platillos exóticos, recetas para curar enfermedades raras, política; en fin, tú misma te darás cuenta de las palabras que hagan sobremesa. Pero así eh, con énfasis.

Resulta que los edificios presumen sus ventanas a lo largo de la plazuela. ¡Mirarlos!, cuesta más trabajo que contar los pasos que Coquita ha dado a lo largo de su vida. Me encanta el ronroneo de sus tacones, sobre todo cuando saltan la charca para no mojar los holanes. En la esquina, donde dejaron puestos los brazos y las piernas de ambas razas, se agazapan a esperar la caída del sol. Pico, pico, pico y rebota una y otra vez, ¿tú sabes qué comen? Ah, es verdad, tú primero.

...son como Argos con la atribución de juez. Es la verdad. Claro, hay que ser justos y decir que son todos unos conocedores, que aman (y comprenden) lo que para mí es inalcanzable filosofía...

Perdón, creo que debo insistir Coquita y vuelvo a repetirlo, son senderos no delimitados. Ellos siempre llegan a la hora exacta. Pasan a la mesa, degustan los platillos, se envanecen con los altares de su buen gusto y categoría, y por supuesto, la sobremesa es correcto terminarla con chascarrillos que vayan acorde con el marbete de las prendas. Por cierto, noté las nauseas que te hicieron ir al baño, y no fue una vez, déjame decirte, me parece que fueron varias, sobre todo cuando sacaron los trapitos a secar en las fotografías de la primaria. Entendí perfectamente que te quedaras sin nada qué decir, a mí también se me había olvidado todo.

Las varillas que soportaban nuestro peso parecían hundirse en la luz. Coquita seguía caminando entorno a la plazuela. Creo que yo también habría apretado las mandíbulas, los ojos, los puños. ¡Ficción! Tú primero lo dijiste. Entonces: silencio, paz, soledad. Me guardé tus palabras: es extraño ser el que se queda, sentirse como espacio remoto e invisible antes de pensar en marcharse también.

¡Luis! ¡Cuarto para la seis! ¡Ya ves! El pensamiento es el que siempre interrumpe el estadio de lo infinito y lo inmortal. Son tus palabras. Las mías, se callaron cuando Coquita voló al otro lado de la calle. Después, sólo me tuve que marchar.

miércoles, 28 de febrero de 2018


De la imagen y otras ¿dicotomías?

Por: Hugo I. López Coronel

En la obra El Alfabeto contra la Diosa (1998), Leonard Shlain plantea la existencia de un conflicto posible entre Imagen y Palabra, llamándolos “el poder femenino y el poder masculino” respectivamente. En este sentido, Shlain afirma que “existen pruebas abundantes de que toda sociedad que adquiere la escritura experimenta una serie de cambios radicales” (15). A estos cambios radicales, afirma Shlain, se les ha llamado “progreso” sin que apenas se sospeche de la existencia de un efecto pernicioso en la adquisición de la escritura –que ha pasado casi inadvertido, afirma el mismo autor–, ya que “la escritura favorece, de forma subliminal, una actitud patriarcal” (16).
La escritura, primero, y el alfabeto después, rompieron el equilibrio entre estos dos sistemas complementarios de comprender la realidad –imagen - palabra–, haciendo que la adquisición de la escritura haya favorecido el sometimiento, desde un discurso, de las mujeres a lo largo de los siglos. En este sentido, Shlain afirma que “la misoginia y el patriarcado surgen y decaen paralelamente con la escritura alfabética” (17). La clave de la tesis de Leonard Shlain, en la obra ya referida, reside en la manera en cómo se ha desarrollado el sistema nervioso de los humanos a partir, de acuerdo con Shlain, de que “la escritura alfabética afectara profundamente a las relaciones de género” (18). Shlain ofrece argumentos desde diversos enfoques científicos para reforzar la tesis sobre este posible conflicto (Imagen – Palabra) a través de varios ejemplos en el devenir discursivo de la historia, –principalmente en el discurso cultural de Occidente–, a lo que él ha llamado “verosimilitud competitiva”.
La afirmación categórica que Shlain platea al determinar que hay un conflicto entre Imagen y Palabra nos resulta una posición de interés nominal en la reflexión del quehacer científico en torno a la crítica del discurso cultural; sino, por el contrario, coincidimos en la afirmación de concebir un lenguaje que permita desde otro punto, buscar la palabra que encarne la verdad, porque la palabra es la encarnación donde el lenguaje posee significado, lo que evoca una identidad de lo femenino que se encuentra alojada en una ambivalencia que desde hace mucho tiempo nos resulta confusa y, ciertamente confusa, pues transita en una ambivalencia donde la imagen misma de “lo femenino”, en sí misma, plantea ya un problema de categorización desde la noción alfabética de lo masculino.

Referencia:
Shlain, Leonard. El Alfabeto contra la Diosa. Debate. México. 1998.