Manada
Vengo
de allá, donde el olvido desterrado vio nacer a la conciencia humana,
donde
vio nacer a la gente.
En ese
Preciso momento, cuando el contacto de las manos,
aún
dejaba colgados a los metales preciosos y los actos canallas.
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| Fuente de imagen: internet |
Él llegó a tu vida hace casi ya cinco… Siempre lo esperabas al
amanecer. Fingías dormir para sentir el mismo sabor de su piel en la tuya.
Entonces te ausentabas. Sólo los aullidos te regresaban a casa. ¿Siempre lo
esperabas al amanecer?
¡Huyo!
¡Busco las nubes azules! Subo y vuelo sobre la brisa que transforma lo que
toca, sobre el punto medio, colocado, recreado en la sonrisa sin tiempo.
Escucho la música, el tono del ambiente en manos de la conciencia que intenta abrazarlo todo. Siento la marea
que brota del centro del abismo. Engancharme al mundo de ilusión, de juguete,
del animal asustado, agazapado entre las yemas de los dedos. Desplazarme entre
los bosques de cuerpos y amar a la vida. Siento pasar sus fluidos entre mis
piernas. Su tacto áspero, dejarlo que se introduzca bajo mi piel. Sólo siento
su aliento, desafía a los años de la duda... de la fascinación... perder algo
sin razón, de continuar en lo prohibido al filo de la vergüenza mil veces... en
la misma existencia. ¡Qué entender por amor... significa arrodillarse, de
cederle a la vida!, hilvanando los pies para hacerle al...
Ssssssssh,
¡LOS AULLIDOS DE LA NOCHE! ¡Estás afuera! Sólo una vez nos visitan.
Me
veo colgada girando sin parar y el tiempo se detiene. ¿Cuántas veces puedo
vivir una vida? Abraham, ¿el tiempo se detiene?
El final del curso
se acer-c-a, ¡luce! ¡Ya ves! Cada día es lo mismo. Te lo he dicho tantas veces.
Pero tú, sólo te levantas, te vistes, te miras al espejo como si nada. Comes,
trabajas, duermes y luego, sólo te levantas. Mañana abrirás el diario y
escribirás más líneas compuestas por grafías deformes, desesperadas en la
inagotable ausencia, amortajadas con la misma tinta que escribes. ¿Estás lista?
Recuerda ser mujer. No olvides pintarte los labios. ¡Acomoda tu cabello! ¡Mira
esa cara! ¡Acaso no puedes arreglarte! Me pregunto si algún día podrás hacer
algo bueno en la vida, algo que no sea sólo quejarte y poner esa cara de
estúpida. ¿No sabes hacer otra cosa?... Termina de limpiar los fondos y subes
para que limpie tu cabello. La noche está clara. Me gusta sentir el viento en
espera de la luna, en espera de ti, de tu boca, de la muerte entre tus manos…
¿Exactamente cuál
es el recuerdo más antiguo? Lo debiste guardar en alguna parte. Ya no llores.
Tranquila..., ¿qué debes decirme?
Cuando niña,
siempre me sentaba en el sillón de frente a la puerta para esperar a papá. Tía
acostumbraba hacer la siesta después de comer. Había tres sillones, en el otro,
el silencio nos acompañaba. Me daba por soñar. Recuerdo muy bien que empezaba
por pegar fichas, una sobre otra hasta construir enormes rascacielos. Los ponía
en las partes más altas del sombrero. Luego, inundaba las depresiones y jugaba
con la perspectiva. Me sentía tan bien. Una vez que separaba mis naciones,
coloreaba los ríos y los mares. Un tanto hedonista y otro tanto con alevosía
repartía los nombres a la tierras. Fundaba ciudades y escribía poemas. Papá
llegaba tarde y yo terminaba antes de que él nos llamara a la mesa para cenar.
No sé. Sólo un día
apareció, sin previo aviso. Yo no lo sabía. Me despertó con su aullido y lo
sigue haciendo desde entonces. Nunca lo he platicado con tía. Ahora ella ya no
está, otra vez duerme.
Dime, ¿sabías que
ya era Abraham?
Sientes deslizarte
sobre el agua cuando los labios te recorren en la locura absoluta. Apenas son
algunos años. Quedarte en la cumbre solo, solo, conscientemente solo. Al abrir
los ojos encontrarte en mí, entre mis brazos. Sin ruido... Ssssssssh, ¡pasó!,
ahora navega entre los jazmines de la laguna. Puedo sentirlo llegar una y otra
vez. Entra a casa... como en aquel día... la primera vez... guardo silencio
para que no me vea. Deja su saco colgado en el mismo lugar, sobre la lámpara
frente a la cama. Se detiene. Acecha. Y entonces aúlla. ¡Siento miedo!, ¡mucho
miedo!... Me quedo inmóvil. Callo. Siento su mirada recorrerme. ¡No lo puedo
ver pero sé que está ahí!, en alguna parte. ¡Puedo escucharlo! Siento sus
pisadas sobre la alfombra llevándolo hasta mí. Envolviéndome en sus maletas
llenas de lluvia, bailando desnuda sobre gigantescos agujeros negros hechos en
el alma. ¡Me mira! ¡Creo que me mira!, ha girado la cabeza, ¡sus ojos me
encontraron! ¡Me mira! ¡Me mira!...
¡Abraham! ¡Abraham!
Ya viene papá.

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