miércoles, 4 de enero de 2017

CORTINA EN EL ESPACIO…
Ever Sánchez Osorio[1]

IISUABJO[2]


Propuesta. Este mundo es de propuestas. Existen contextos a los que no puedes pasar por alto. Finalmente hay que registrarlos. Hay otros que lo hacen. Los llaman poetas, filósofos, alquimistas de la palabra, testigos, dramaturgos, locos anacoretas que se desgajan por el peso de la mierda de otros dioses, […] creando mundos y destruyéndolos, fornicando, estriñendo, y siempre con el poder de hacerlo una vez más. Han escrito de este universo todas epopeyas. Bergantines, columnas, mausoleos, circos y jardines, todos ellos a su imagen y semejanza. Te repito son propuestas. ¡Quizá también sea la tuya!

Velada”, Cortina en el espacio, (López, 2014: 59).

Este texto comienza con una idea del autor, el cual trato de reflexionar en el sentido de aquellos que tienen (materialmente) la “oportunidad” de presentar una propuesta en el marco de la vida cotidiana. El panorama no es agradable, inconscientemente somos reproductores de un orden ya estructurado, dado, maquinizado. Las propuestas, en diversos sentidos, se imponen desde arriba y pocos son los que intentan, desde sus acciones y sentimientos, pensar de modo contrario. La vida misma es conflicto, un terreno de toma decisiones, fines prácticos regidos por una ética fuera de las personas, pero creada para ellas. Hugo describe, para mí, estas cuestiones; poder,  luchas, pasiones, deseos, secretos, juegos, etc., que se encuentran en la oscuridad pero habitan cotidianamente entre nosotros, al margen de una doble moral que nos atraviesa. La reflexión del libro (Cortina en el espacio) se encuadra en el marco de arriba y se compone de tres partes, quién es el autor, cómo se compone y de qué trata su obra.
Quién es Hugo Israel López Coronel. No sé exactamente, lo que sí sé es que las veces que he platicado con él, nomás de cinco minutos, el tiempo que ocupa para comer en la “cafe” de la universidad, me hace sentir extraño. En cinco minutos, entre la comida y las palabras, discutimos sobre muchas cosas y sobre nada, de ahí lo extraño, del vacío que surge de la reflexión del todo y la nada, quedo pensando y el tiempo vuela hasta el próximo lunes y otros cinco minutos de todo y nada. La impotencia de observar todo lo que nos circunda, lo que está alrededor nuestro y no poder hacer nada. Sin embargo creo que la redacción de obras, como la que propone el autor, es parte de esa inquietud que comienza a romper la cotidianidad y grita desde adentro de lo más sano (o insano): la literatura y uno mismo.
            Hugo es una persona contemporánea y excepcional con quien se puede hablar diversos temas; el arte, la poesía, la literatura, el cine, el teatro, la música, la política, la religión, la cultura, el género, la educación, etc. Por ello, en lo que respecta a una charla amena, interesante, en donde el tiempo se puede ir en cinco minutos, recomiendo a Hugo y los trabajos escritos por él.
Cortina en el espacio es el título que hoy presentamos, del puño y letra, de Hugo. Ya antes habíamos comentado, espero tener razón, en la literatura el autor hace una propuesta de la historia, pero es la mente brillante de los lectores, oscuras algunas veces pero propio de la esencia humana, las que encausa el camino de los actores principales hacia diversos destinos, convirtiéndose en coautores de la obra y proponiendo situaciones y finales inesperados, que no podrían ser posibles sin el planteamiento principal del autor. Aquí hay una relación de complicidad entre el escritor y sus lectores, que va más allá de la amistad para encontrar su asiento en la reflexión ideológica de sus sentimientos, como forma de escape y huida a un mundo vital y poderoso del que forman parte. 
            El título de esta obra corresponde a su contenido, es buena; sugerente y metafórica. Me hace pensar en un lienzo que cae del cielo y desde allá observa las realidades del mundo y las personas. Creo que en principio era blanco, pero conforme desciende y se adentra a la contaminación humana se vuelve gris, oscura, se extravía, sin perder su esencia se convierte como cualquier hojarasca que toma el destino que el viento lleva, y en cada espacio que transita toman forma las diecinueve historias que se relatan en el libro.
            Otra idea que llega a mi cabeza es la pregunta, qué parte de la casa o departamento ocupaba esa cortina que ahora anda en el espacio. Pienso que el de una habitación, y como un fantasma, ante los horrores que ahí se guardan escapa, huye pero no encuentra paz. Como parte central de todas las habitaciones  observa cosas peores, va hacia mundos mejores, pero no los encuentra porque su esencia es en sí misma. No necesita huir del mundo, si no encontrase en él y comprender las reglas éticas y morales que de ahí se desprenden, y también las que en la parte exterior de esas reglas se componen. Necesita, en pocas palabras, conocer la ambigüedad de la esencia humana.
            Después pienso que Hugo es esa cortina, está aquí y allá, y parte de lo que ve, oye e imagina cobra vida en sus personajes.

El libro presenta algunas dificultades en su lectura, cosas que se convierte en un arma de doble filo, porque aquello que lo limita lo hace también extraordinariamente rico.
a)      Primero el libro tiene un vocabulario muy elevado, propio del autor, que con tanto esmero hilvana, palabra por palabra, punto por punto, como por coma, etc., las situaciones de los personajes, como colocando en cada espacio y una a una, las estrellas del firmamento. Buscando la precisión exacta y el detalle correcto de las cosas.
b)      No estoy acostumbrado a leer en párrafos grandes, pero la redacción me hizo correr de una historia a otra. Los enunciados pequeños me atraparon, me hicieron cómplice de los secretos que guardaban, no se detenían, susurraban, gritaban, me llevaron a la catarsis.
c)      No hay un hilo conductor de una historia a otra; hay una discontinuidad, quiebres, desplazamientos, se fusionan los tiempos, lugares, recuerdos, nostalgias, amores, ironías, humor negro, casos oscuros,  pecados, etc. Tal como la vida humana se presenta, ordenada para unos y desordenada para otros, pero qué significa el orden o desorden en este mundo. Hugo lanza la piedra pero esconde la mano, nos presenta diversas propuestas y en su ironía nos pide: “por favor, no mal interpreten mis intenciones, ni mucho menos crean que juego a que no juego sin jugar a nada, porque soy sincero con ustedes –recalca-, adolezco de mentir,  no acostumbro a hacerlo”.  Con esas palabras nos sitúa en mundos dispares para los ojos de una moral obstinada, pero finalmente, como señalé arriba, deja que los lectores imaginen y definan el destino de los protagonistas de la obra.
Pero bueno, de qué trata la obra de Hugo. Para mí no son cuentos, son historias que están al margen de la moral y de la ética, de lo que las reglas del hombre han considerado bueno o malo, se encuentran en la cotidianidad y hayan significado en lo clandestino de la oscuridad. En ese sentido se resignifica la vida y el amor, subsumidos y atrapados en una doble moral cultural que encierra aquello que llaman bajas pasiones, pero finalmente para el que lo vive (o sufre) no deja de ser amor. Entonces, “qué entender por amor, significa arrodillarse,… ceder a la vida”.
            Por ello la lectura es desafiante, a fuerza de las pasiones los conceptos conocidos y aceptados se de-construyen; hombre – mujer, hermano-hermana, tío – tía, el de los amantes que se encuentran a la luz de lo prohibido con sus almas como testigo, en ese encuentro todo se materializa y se desvanece. En este libro encontramos las voces de uno mismo hablando desde adentro, otras voces que se escuchan en nuestro alrededor y que son parte de uno mismo. Desde la marginalidad los sujetos en cuestión resignifican el amor fuera de las líneas, la complicidad y la decisión, si uno quiere, de entregarse a lo prohibido, bajo una ética negada pero aceptada para los implicados.
Cabe la pregunta, cómo algo tan cotidiano, pero en la clandestinidad, no alcanza a tener vida propia. Pero Hugo los saca de esa clandestinidad y les da vida y nombre, además de metafóricos, anónimos.  




[1] Doctorado y Maestría en Sociología por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Licenciado en Sociología por la División Académica de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Tabasco. Actualmente realiza estancia de investigación posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.
[2] Instituto de Investigaciones Sociológicas – Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. 

martes, 3 de enero de 2017

Cena para Tres

A Davronel, por su incansable aspecto.

Quizá ella fue; no, quizá él.

Fuente de imagen:

Revista Óclesis
Ella, con sonrisa fingida y unos ojos mentirosos abandona la postura que mantuviera desde hace rato; coloca su bolso sobre la mesa y confiesa su desnudez con la mirada. Antes de decir nada, se pone en pie y vociferando todo un torrente de sangre se enfila hacia la puerta sin ni siquiera voltear. Sólo ha dejado dos palabras en aquella atmósfera tenue: chao cariño.

Desperté en medio de mis sueños despedazados en la almohada, con la frente perlada de desasosiego… otra vez. Algo dentro de mí crece y me carcome como un cáncer. Llueve. Las nubes en el fondo oscuro danzan en un tono rosáceo que me transporta más allá de las paredes.

A mi lado duerme… otra vez.

La comida en casa de los Fuentes ha sido el principio de nuestra desesperanza. Durante la cena, ella confesó después de seis copas de vino blanco la comezón que en el alma siente. Yo, escéptico, no daba crédito a aquella escena, mis labios se fruncieron hasta casi reventar cuando mi boca intentó callarla. Ella ríe a carcajada abierta con un claro tinte de nostalgia, de deseo prohibido, de amargo desdén encasillado muy a adentro. El señor Fuentes me ha dicho salud. Yo correspondo con una suave sonrisa. Ahora sé que esa angustia no es por mí, que no soy yo el que consuela sus noches frías, no soy la marea que sube hasta su pecho para acariciarla con la blanca arena y la brisa temprana en días de verano.

Las mujeres se apartaron y ahora las escucho hablar sin que sepan. Ella les cuenta sin pudores del otro, el que camina mis pasos de vuelta a casa una vez que me he ido. Ríe. Las demás la miran admiradas. Yo, desde mi rincón, río también; en el fondo tengo ganas de incrustarme en la tapicería y esperar a que el fuego de sus ojos incendie la casa. Pero no, sigo mi camino, el señor Fulano me espera para seguir brindando.
Puede que haya aumentado la maleza en estos días, mi corazón, mis pulmones y mis arterias lo presienten sin prisa. La cara buena del mundo me mira de soslayo al choque de las copas. Su tintinear me escuece la espalda. Si fuera café, voltearía mi taza para leer los posos como cuando era niño y Matilde no me observaba ensuciar su vajilla predilecta.

La invitación llegó temprano, ella la puso sobre el tocador y ahí permaneció por días, hasta que nuestros gritos permitieron encender mi cigarrillo, descosí los botones de mi camisa para que sus manos navegaran libremente. Han sido tan sólo seis años de dulce compañía, el único detalle fue su adiós desde que lo colgó al sol para secar las enormes lágrimas envueltas en caramelos de cristal. Conciliamos asistir a la cena desde que mañana no nos vemos, ya nunca.

El papel está enjugando la tinta de limón. Basta una llamarada para que vuelvas, hasta que quieras; porque ahora finges no darte cuenta, en estos instantes en que tu risa ha estrellado el cristal con el que brindo.

Hugo López Coronel



Expediente número 3



Fuente de imagen:
Internet
¿Y qué haces entonces?, pues creer que es tuyo cuando no lo es. Piensas que lo tienes, te ilusionas, inventas mundos y compones poemas y a tu lado no está. Lo peor de todo, es pensar que cuando tú quieras estará siempre ahí, observándote y sonriéndote o quizá ideando la forma de tenerte. Te emocionas y finalmente descubres la mentira, el vil engaño resultado de tu mala percepción, de tu ceguera fomentada por las ganas de hacerlo y nunca atreverse ni siquiera guiñar el ojo por miedo de faltar al respeto, y cuando te avientas, el madrazo en el suelo te recuerda que las estrellas viven muy lejos, allá donde las jirafas hacen sus nidos y vuelan entre los brazos del sol acompañadas por los jacintos y las gardenias de cristal.
          La llave se encontraba atorada entre mis dedos y la chapa. De mi brazo colgaba la maleta de los pecados mientras un par de pieles falsas en botas negras se erguían hasta las rodillas y vestían las piernas de un hermoso rostro. Una  cabellera brilló con las partidas de luz justo al final de la pasarela. La llave seguía luchando contra la chapa, los maceteros se burlaban de mi inapropiado estilo para invadir una habitación de un hotel barato.
Entonces, la cámara de los comunes empezó a deliberar, sus voces rondaron nuestras caras, sentí recorrer sus miradas. El galán dijo  – las zapatillas están padrotas, pero más padrotas están los tobillos que los calzan -. Por fin la llave venció a la chapa y nos introdujimos dejando parte de nuestro deseo en el umbral.
Di unos pasos en derredor; de inmediato el inmobiliario se presentó ante nosotros. - Que tal, buenas noches –. Yo correspondí con una sonrisa al saludo. Tú, al margen de todo, sólo te dispusiste a desnudarte, dejaste caer tu delgado cuerpo sobre las sábanas, te reinventaste en una metamorfosis divina  y con dulce mirada, extendiste la invitación a compartir tu piel con la mía. Mis manos se enfriaron en seguida, titubeé unos segundos antes de crear un sarcasmo para evadir los  lamentos de mañana.
Me acerqué a ti, me dispuse a tu costado fingiendo inocencia, temor, incertidumbre, inmadurez, indiferencia. Tus dedos recorrían mi pecho, mis ropas cedieron y nuestros cuerpos terminaron compartiendo la piel. Me hundí, caí profundamente hasta alcanzar la cascada en tu vientre, mis labios frenéticos invadieron tu cuerpo, amasando tu aliento en mi lengua, tus piernas y brazos me apresaron, tu boca me absorbía devorándome por completo, me hacías pedazos en tu locura de placer, mis palabras enmudecieron, sólo, sólo tú, tú, ¡ah!, tú, tú, ¡ah!, tú.
La paz llegó. Quedamos abandonados uno junto al otro, nuestras las voces se convirtieron en caricias, poco a poco el sueño nos fue venciendo hasta quedar inmóviles dentro de la amnesia de la fría madrugada.
Nunca hubo un adiós, ni un hasta mañana. Al cerrar la puerta, las gotas de lluvia me trajeron el destino de Rosario. El letrero dice, favor de guardar silencio, hospital.

Hugo López Coronel