martes, 3 de enero de 2017

Expediente número 3



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¿Y qué haces entonces?, pues creer que es tuyo cuando no lo es. Piensas que lo tienes, te ilusionas, inventas mundos y compones poemas y a tu lado no está. Lo peor de todo, es pensar que cuando tú quieras estará siempre ahí, observándote y sonriéndote o quizá ideando la forma de tenerte. Te emocionas y finalmente descubres la mentira, el vil engaño resultado de tu mala percepción, de tu ceguera fomentada por las ganas de hacerlo y nunca atreverse ni siquiera guiñar el ojo por miedo de faltar al respeto, y cuando te avientas, el madrazo en el suelo te recuerda que las estrellas viven muy lejos, allá donde las jirafas hacen sus nidos y vuelan entre los brazos del sol acompañadas por los jacintos y las gardenias de cristal.
          La llave se encontraba atorada entre mis dedos y la chapa. De mi brazo colgaba la maleta de los pecados mientras un par de pieles falsas en botas negras se erguían hasta las rodillas y vestían las piernas de un hermoso rostro. Una  cabellera brilló con las partidas de luz justo al final de la pasarela. La llave seguía luchando contra la chapa, los maceteros se burlaban de mi inapropiado estilo para invadir una habitación de un hotel barato.
Entonces, la cámara de los comunes empezó a deliberar, sus voces rondaron nuestras caras, sentí recorrer sus miradas. El galán dijo  – las zapatillas están padrotas, pero más padrotas están los tobillos que los calzan -. Por fin la llave venció a la chapa y nos introdujimos dejando parte de nuestro deseo en el umbral.
Di unos pasos en derredor; de inmediato el inmobiliario se presentó ante nosotros. - Que tal, buenas noches –. Yo correspondí con una sonrisa al saludo. Tú, al margen de todo, sólo te dispusiste a desnudarte, dejaste caer tu delgado cuerpo sobre las sábanas, te reinventaste en una metamorfosis divina  y con dulce mirada, extendiste la invitación a compartir tu piel con la mía. Mis manos se enfriaron en seguida, titubeé unos segundos antes de crear un sarcasmo para evadir los  lamentos de mañana.
Me acerqué a ti, me dispuse a tu costado fingiendo inocencia, temor, incertidumbre, inmadurez, indiferencia. Tus dedos recorrían mi pecho, mis ropas cedieron y nuestros cuerpos terminaron compartiendo la piel. Me hundí, caí profundamente hasta alcanzar la cascada en tu vientre, mis labios frenéticos invadieron tu cuerpo, amasando tu aliento en mi lengua, tus piernas y brazos me apresaron, tu boca me absorbía devorándome por completo, me hacías pedazos en tu locura de placer, mis palabras enmudecieron, sólo, sólo tú, tú, ¡ah!, tú, tú, ¡ah!, tú.
La paz llegó. Quedamos abandonados uno junto al otro, nuestras las voces se convirtieron en caricias, poco a poco el sueño nos fue venciendo hasta quedar inmóviles dentro de la amnesia de la fría madrugada.
Nunca hubo un adiós, ni un hasta mañana. Al cerrar la puerta, las gotas de lluvia me trajeron el destino de Rosario. El letrero dice, favor de guardar silencio, hospital.

Hugo López Coronel


 

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