Ángulo
obsceno
Estás ahí, tu cuerpo, la
habitación vestida de olores, cerca de mí. Tus párpados confundidos con las
luces hablan de lo cotidiano, la fauna es
normal, bestias flotando en el aire comprimido de muchos suspiros... ¿Nos
recuerda algo?
¡Oyessss…
¡Quééééé…
Su rostro muerde la ira contenida
en algunas charcas que prometen vida en la existencia. Das media vuelta y
olvidas que estás ahí.
Permaneces aún,
el
sonido devora tus manos.
Tu cuerpo se desprende de los
huesos y utiliza el enjambre para nadar entre las voces. Nadie te ve, como
lengua la música se introduce en tus oídos. Tus brazos aprisionan la danza-viento
de las voces. Vuelves la mirada y lo ves.
Quieres hablarle.
Los cuerpos inundan la habitación
vestida de sonidos. Agitas los brazos y te acercas a él.
¡Oyessss…
¡Quééééé…
Distingo su rostro,
muerde la culpa de saberse contigo. Algún día lo sabrás, yo no lo diré. Permanezco
sentado mirando la distancia detrás del vidrio. Hace tanto tiempo que no he
dicho a alguien que...
¡Me interrumpes!
Quizá habría recuerdos
con esquirlas como alas dices, edredones de rocas que cubran la risa del frío
dices…
Por un instante
dudas,
o… quizá es agua lo
que mis brazos tocaron.
Ya no dices nada. Otra
vez lo buscas entre la marea de alientos, entre los brotes frescos en los
pasos, en las cortezas de palabras que se quedaron en algún lugar de ahí. Lo
ves, te desplazas ligeramente. Sabes que son varios los olfatos que lo
respiraron, y él también lo sabe.
Abres los labios.
¡Oooh…
Piensas
ahí,
la
lluvia del tiempo cicatriza el impulso de la sangre, las luces de la ventana
parecen frescas, aún recuerdas el peinado y las prendas que se usaban. Tu
teoría reside en afirmar que los ríos llenaron los mares cuando ya los peces
sembraban arrecifes en el desierto. Afirmaste que negarías cualquier respuesta
consciente porque cada cosa sólo es una cifra. Después, vinieron de lejos otros
residentes, poblaron los canales desde adentro, fue entonces que la música
devoró mis oídos; miro de reojo los huesos de la noche, te busco entre la
hojarasca que nuestra piel va dejando… Tu rostro gira, yo te miro, tus ojos
auscultan las paredes del sonido, fijas la mirada y empiezas a observarlo…
¡Yeeeee…!
Las nubes sujetan el cielo,
siempre lo supe, también de la distancia que alcanza para los recuerdos y los
mitos, y mis cuerdas bucales estallan:
¡Quééééé…!
Te digo, aún los
peces no han descubierto el agua y siento que mi rostro se desencaja al mirar
tu cuerpo cerca de mí. Doy media vuelta y me olvido que estás ahí.
Santa Lucía. 13 de septiembre de
2009.
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