miércoles, 28 de febrero de 2018


De la imagen y otras ¿dicotomías?

Por: Hugo I. López Coronel

En la obra El Alfabeto contra la Diosa (1998), Leonard Shlain plantea la existencia de un conflicto posible entre Imagen y Palabra, llamándolos “el poder femenino y el poder masculino” respectivamente. En este sentido, Shlain afirma que “existen pruebas abundantes de que toda sociedad que adquiere la escritura experimenta una serie de cambios radicales” (15). A estos cambios radicales, afirma Shlain, se les ha llamado “progreso” sin que apenas se sospeche de la existencia de un efecto pernicioso en la adquisición de la escritura –que ha pasado casi inadvertido, afirma el mismo autor–, ya que “la escritura favorece, de forma subliminal, una actitud patriarcal” (16).
La escritura, primero, y el alfabeto después, rompieron el equilibrio entre estos dos sistemas complementarios de comprender la realidad –imagen - palabra–, haciendo que la adquisición de la escritura haya favorecido el sometimiento, desde un discurso, de las mujeres a lo largo de los siglos. En este sentido, Shlain afirma que “la misoginia y el patriarcado surgen y decaen paralelamente con la escritura alfabética” (17). La clave de la tesis de Leonard Shlain, en la obra ya referida, reside en la manera en cómo se ha desarrollado el sistema nervioso de los humanos a partir, de acuerdo con Shlain, de que “la escritura alfabética afectara profundamente a las relaciones de género” (18). Shlain ofrece argumentos desde diversos enfoques científicos para reforzar la tesis sobre este posible conflicto (Imagen – Palabra) a través de varios ejemplos en el devenir discursivo de la historia, –principalmente en el discurso cultural de Occidente–, a lo que él ha llamado “verosimilitud competitiva”.
La afirmación categórica que Shlain platea al determinar que hay un conflicto entre Imagen y Palabra nos resulta una posición de interés nominal en la reflexión del quehacer científico en torno a la crítica del discurso cultural; sino, por el contrario, coincidimos en la afirmación de concebir un lenguaje que permita desde otro punto, buscar la palabra que encarne la verdad, porque la palabra es la encarnación donde el lenguaje posee significado, lo que evoca una identidad de lo femenino que se encuentra alojada en una ambivalencia que desde hace mucho tiempo nos resulta confusa y, ciertamente confusa, pues transita en una ambivalencia donde la imagen misma de “lo femenino”, en sí misma, plantea ya un problema de categorización desde la noción alfabética de lo masculino.

Referencia:
Shlain, Leonard. El Alfabeto contra la Diosa. Debate. México. 1998.


domingo, 7 de enero de 2018

  
Los Infortunios de Alonso Ramírez y la ambigüedad de género como artificio literario



Obra Gráfica: Francisco Luna Ruiz
El contexto histórico de la Nueva España en el siglo XVII se sitúa en un panorama donde diversos problemas, tanto externos como internos, afectan la vida política, económica y administrativa del reino. Es 1565 que se establece la ruta comercial entre la Nueva España y las Filipinas: de Acapulco a Manila. Una ruta de intercambio comercial entre América, Europa y Asia en la que se comerciaban todo tipo de mercancías y productos; este aspecto significó el acoso y la rapacidad de piratas ingleses, holandeses y franceses en contra de las embarcaciones españolas. Estos hechos generaron cierta competencia marítima entre las potencias europeas cuyo objetivo era la expansión territorial y el dominio de rutas comerciales para el control de las riquezas que se lograban como efecto de la colonización.
Por otro lado, España –en su política territorial– continúa apegada a un sistema feudal, ya caduco para aquellos tiempos en materia de política administrativa y sustentaba su destino en los valores de la cristiandad; baste recordar que es precisamente en el siglo anterior al XVII donde la reforma religiosa de algunos países europeos transformó no sólo la vida religiosa sino también política y económica de sus poblaciones. Así mismo, la desigualdad, la pobreza, los amotinamientos de la población, la crisis de valores y la desconfianza en las instituciones eran los problemas internos a los que se enfrentaba la capital de la Nueva España. Estas situaciones son el marco de la narración de Los Infortunios de Alonso Ramírez de Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700).
En lo que refiere a la categorización de la obra en torno a la evolución de la crítica por clasificarla dentro de un género, Los Infortunios de Alonso Ramírez de Carlos de Sigüenza y Góngora, ha sido observada casi de manera exclusiva desde los estudios literarios, dejando de lado la veracidad de la historia. En este ámbito, algunos críticos sostienen que esta obra es una “pre-novela”, en tanto otros, resaltan ciertos elementos que la comprometen con otros tipos de relatos como el picaresco, el histórico o la crónica de viajes. Lo cierto es que Los Infortunios de Alonso Ramírez, publicada en 1640, ha significado hasta nuestros días una obra difícil de clasificar dentro de un género debido a las diferentes formas narrativas que ésta presenta. Ésta es la historia de un hombre oriundo de San Juan de Puerto Rico quien se hizo a la mar en busca de fortuna y terminó realizando un viaje al otro lado del mundo, siendo esclavizado, a mitad del viaje, por piratas ingleses.
Robert Weiman, en Fabula and Historia: The Crisis of the ‘Universal Consideration’ in The Unfortunate Traveler (1984), afirma que Los Infortunios de Alonso Ramírez de Carlos de Sigüenza y Góngora es “una obra [que] está compuesta de múltiples elementos que la hacen oscilar hacia un lado u otro del espectro de ficciones” (8). En este sentido, se deben tomar en cuenta los elementos de relación que se establecen entre la novela picaresca, el histórico o la crónica de viajes –todos estos elementos de naturaleza también narrativa– para señalar que esta obra no pertenece a ninguna de las definiciones tradicionales dentro de los géneros literarios.[1]
Así mismo, Robert Weiman (1984) propone el término “andrógino” para señalar a aquéllas obras, tal es el caso de Los infortunios de Alonso Ramírez, cuyas características significan una hibridación entre dos géneros bien diferenciados, y que en este sentido –por su forma mixta– disipan su funcionalidad genérica específica, convirtiéndose “genéricamente” en formas neutras que carecen de los atributos totales de un género específico (2). Por ello, se puede afirmar, de acuerdo con Robert Weiman (1984), que la existencia de diversos elementos –o aspectos narrativos– que enuncia Los infortunios de Alonso Ramírez en contraste con los elementos bien delimitados de los géneros literarios tradicionales hacen de ésta una obra híbrida.
Así mismo, Raimundo Lazo, en Historia de la literatura hispanoamericana. El periodo colonial (1492-1780), (1965) afirma que no hubo novelas en el periodo colonial y que Los infortunios de Alonso Ramírez presenta únicamente una serie de elementos relacionantes a lo novelesco y que es “un ejemplo de narración, es prosa ceñida a personajes y hechos precisos y reales, que pudo haber influido, como tipo de exposición, en ensayos del género narrativo” (16). Por otro lado, Antonio Castro Leal (1972), en el prólogo a dicha obra interpela el carácter narrativo de la obra y denota el hecho de la caracterización de Alonso como personaje, y afirma que ésta “es una obra de creación” señalándola como “la primera y la mejor novela de nuestra época colonial”.
Por otra parte, María Casas de Faunce, en La novela picaresca latinoamericana (1977) realiza un análisis del tópico picaresco en Los Infortunios de Alonso Ramírez y señala cierta dificultad para definir a esta obra dentro del género picaresco ya que, según esta autora, sólo existen ciertas recurrencias que implican dos instancias: “una con filiación literaria y la otra de ámbito social, siendo ambas las que constituyen la esencia del relato pícaro” (76). De estas características –de la novela picaresca– la narración se realiza en primera persona, la edad del personaje, los viajes, el tener distintos amos y la crítica al entorno social al que pertenece; por ello, estas carencias en el personaje de Los Infortunios de Alonso Ramírez la eximen de la composición picaresca.
Sin embargo, Aníbal González, en Los infortunios de Alonso Ramírez: Picaresca e historia (1983), contradice la perspectiva totalizadora de María Casas de Faunce y sostiene que lo picaresco y las crónicas de conquista “son tradiciones que retoma la obra y propone objetivamente analizarlo como texto solamente, atendiendo el contexto cultural de su época, [donde] se retoman solamente [estas características] más no es su fin último”. Así mismo, señala la existencia de “el artificio del desdoblamiento por parte del autor para combinar su lenguaje culto, cuando habla de geografía y cartografía; en contraste con el estilo llano de Alonso. Pero menciona que aunque a veces la diferencia es notoria, los dos grados de enunciación son inseparables” (189-204).
Finalmente, David Lagmanovich, en Para una caracterización de Infortunios de Alonso Ramírez” (1998) analiza esta problemática desde un carácter meramente literario y establece ciertas singulares desde la perspectiva del narrador, poniendo énfasis en la característica en el que el autor se introduce en el relato: “Mandóme [...] fuese a visitar a don Carlos de Sigüenza y Góngora, cosmógrafo y catedrático de matemáticas del rey nuestro señor en la Academia mexicana [...]” (1). Este desdoblamiento plantea la existencia de cierta complicidad entre un “Yo”, de Alonso Ramírez, y un “él”, es decir, el autor ficcionalizado. Así mismo, David Lagmanovich (1998) establece que lo literario de Los infortunios de Alonso Ramírez se puede denotar en tres aspectos principales: Un realismo naturalista, la visión de los lugares y la dificultad para clasificar la obra (411-16).
En lo que refiere a la primera característica de lo literario que David Lagmanovich (1998) señala, se encuentran las referencias lingüísticas enunciadas en la obra misma, por ejemplo “artes guerreras de la pobreza” para indicar las penurias con las que se defienden el personaje y sus acompañantes, o las recurrentes vicisitudes del personaje cuando fue cautivo de los ingleses, aspectos estos marcados por un “descarnado realismo” que impresionan al lector que se acerca a la obra. El segundo aspecto está referido por la descripción de los ambientes y la naturaleza que se presenta como adversa para Alonso: islas agrestes, tormentas, despeñaderos, escasez de alimentos y agua, todos estos presentados como un drama en la narración. Y por último, el tercer aspecto señala la dificultad de clasificar la obra de manera formal, por las características mismas de la narración, pero que “lejos de constituir un defecto, ese rasgo apunta a una característica permanente de gran parte de la mejor literatura que han producido los países de la América Hispánica su atipicidad o [...] su hibridismo” (411-16).
Por todo lo anterior, se establece que, si bien la narración de Los infortunios de Alonso Ramírez refiere diversos hechos históricos que pudieron haber sucedido, y que si Alonso Ramírez pudo haber sido un personaje histórico, ésta es una obra en esencia literaria ya que una obra literaria refiere múltiples elementos que por el simple hecho de narrar tiene ya valor literario.
Referencias bibliográficas:

Casas de Faunce, María. La novela picaresca latinoamericana. Madrid. Cupsa, 1977.
Impreso.
Castro Leal, Antonio. La novela del México colonial. México. Aguilar, 1972. Impreso.
De Sigüenza y Góngora, Carlos. Infortunios de Alonso Ramírez. PDF. Web. 14 de mayo de
2014.
http://bibliotecavirtualut.suagm.edu/elibros/Infortuniosde%20Alonso%20Ramirez.pdf
Fernández del Páramo, Javier. “El androginismo literario en los Infortunios de Alonso
Ramírez”. PDF. Web. 19 de mayo de 2014.
http://home.fau.edu/peralta/web/FACS/infortunios.pdf
González, Aníbal. “Los Infortunios de Alonso Ramírez: picaresca e historia”. PDF. Web.
17 de mayo de 2014. http://home.fau.edu/peralta/web/FACS/infortunios.pdf
Lagmanovich, David. Para una caracterización de Infortunios de Alonso Ramírez, Tomo I,
Época Colonial. Barcelona. Crítica, 1998. Impreso.
Lazo, Raimundo. Historia de la literatura Hispanoamericana. El periodo colonial (1492-
1780). México. Porrúa, 1965. Impreso.
Weiman, Robert. “Fabula and Historia: The Crisis of the ‘Universal Consideration’ in The
Unfortunate Traveler.” PDF. Web. 19 de mayo de 2014.
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[1] Al respecto, Javier Fernández del Páramo, en El androginismo literario en los Infortunios de Alonso Ramírez (2009) afirma que  “Infortunios, desde el punto de vista histórico puede verse como una relación […] Las relaciones tendrán un gran auge a partir de la llegada de los españoles a América y sirven tanto como descripción de las novedades, “descubrimientos,” como de función de crónica, o historia de la llegada y colonización del “Nuevo Mundo.” Estas crónicas, relatadas por los aventureros, muestran otra función menos altruista, siendo, algunas veces, compendio de los lances e infortunios por los que los conquistadores pasan, y presentando en otras una reclamación de recompensa, o incluso justificación de sus acciones, a la Corona española. Los Reyes de España, siguiendo la tradición de la Reconquista y de la ocupación de las islas Canarias, hicieron uso de la iniciativa privada para las empresas de ultramar, concediendo una serie de privilegios, como cargos administrativos, o concesiones económicas a los implicados en estas acciones. Como ejemplos de relaciones en Nueva España tenemos las Cartas de relación de Hernán Cortés o La relación de Alvar Núñez Cabeza de Vaca” (3).