Los
Infortunios de Alonso Ramírez y la ambigüedad de género como artificio
literario
Obra Gráfica: Francisco Luna Ruiz |
El
contexto histórico de la Nueva España en el siglo XVII se sitúa en un panorama
donde diversos problemas, tanto externos como internos, afectan la vida política,
económica y administrativa del reino. Es 1565 que se establece la ruta
comercial entre la Nueva España y las Filipinas: de Acapulco a Manila. Una ruta
de intercambio comercial entre América, Europa y Asia en la que se comerciaban
todo tipo de mercancías y productos; este aspecto significó el acoso y la rapacidad
de piratas ingleses, holandeses y franceses en contra de las embarcaciones
españolas. Estos hechos generaron cierta competencia marítima entre las potencias
europeas cuyo objetivo era la expansión territorial y el dominio de rutas
comerciales para el control de las riquezas que se lograban como efecto de la
colonización.
Por
otro lado, España –en su política territorial– continúa apegada a un sistema
feudal, ya caduco para aquellos tiempos en materia de política administrativa y
sustentaba su destino en los valores de la cristiandad; baste recordar que es
precisamente en el siglo anterior al XVII donde la reforma religiosa de algunos
países europeos transformó no sólo la vida religiosa sino también política y
económica de sus poblaciones. Así mismo, la desigualdad, la pobreza, los amotinamientos
de la población, la crisis de valores y la desconfianza en las instituciones
eran los problemas internos a los que se enfrentaba la capital de la Nueva
España. Estas situaciones son el marco de la narración de Los Infortunios de Alonso Ramírez de Carlos de Sigüenza y Góngora
(1645-1700).
En
lo que refiere a la categorización de la obra en torno a la evolución de la
crítica por clasificarla dentro de un género, Los Infortunios de Alonso Ramírez de Carlos de Sigüenza y Góngora,
ha sido observada casi de manera exclusiva desde los estudios literarios, dejando
de lado la veracidad de la historia. En este ámbito, algunos críticos sostienen
que esta obra es una “pre-novela”, en tanto otros, resaltan ciertos elementos
que la comprometen con otros tipos de relatos como el picaresco, el histórico o
la crónica de viajes. Lo cierto es que Los
Infortunios de Alonso Ramírez, publicada en 1640, ha significado hasta
nuestros días una obra difícil de clasificar dentro de un género debido a las diferentes
formas narrativas que ésta presenta. Ésta es la historia de un hombre oriundo
de San Juan de Puerto Rico quien se hizo a la mar en busca de fortuna y terminó
realizando un viaje al otro lado del mundo, siendo esclavizado, a mitad del
viaje, por piratas ingleses.
Robert
Weiman, en Fabula and Historia: The
Crisis of the ‘Universal Consideration’ in The Unfortunate Traveler (1984),
afirma que Los Infortunios de Alonso
Ramírez de Carlos de Sigüenza y Góngora es “una obra [que] está compuesta
de múltiples elementos que la hacen oscilar hacia un lado u otro del espectro
de ficciones” (8). En este sentido, se deben tomar en cuenta los elementos de
relación que se establecen entre la novela picaresca, el histórico o la crónica
de viajes –todos estos elementos de naturaleza también narrativa– para señalar
que esta obra no pertenece a ninguna de las definiciones tradicionales dentro
de los géneros literarios.[1]
Así
mismo, Robert Weiman (1984) propone el término “andrógino” para señalar a
aquéllas obras, tal es el caso de Los
infortunios de Alonso Ramírez, cuyas características significan una hibridación
entre dos géneros bien diferenciados, y que en este sentido –por su forma mixta–
disipan su funcionalidad genérica específica, convirtiéndose “genéricamente” en
formas neutras que carecen de los atributos totales de un género específico (2).
Por ello, se puede afirmar, de acuerdo con Robert Weiman (1984), que la
existencia de diversos elementos –o aspectos narrativos– que enuncia Los infortunios de Alonso Ramírez en
contraste con los elementos bien delimitados de los géneros literarios
tradicionales hacen de ésta una obra híbrida.
Así
mismo, Raimundo Lazo, en Historia de la
literatura hispanoamericana. El periodo colonial (1492-1780), (1965) afirma
que no hubo novelas en el periodo colonial y que Los infortunios de Alonso Ramírez presenta únicamente una serie de
elementos relacionantes a lo novelesco y que es “un ejemplo de narración, es
prosa ceñida a personajes y hechos precisos y reales, que pudo haber influido,
como tipo de exposición, en ensayos del género narrativo” (16). Por otro lado,
Antonio Castro Leal (1972), en el prólogo a dicha obra interpela el carácter
narrativo de la obra y denota el hecho de la caracterización de Alonso como
personaje, y afirma que ésta “es una obra de creación” señalándola como “la
primera y la mejor novela de nuestra época colonial”.
Por
otra parte, María Casas de Faunce, en La
novela picaresca latinoamericana (1977) realiza un análisis del tópico
picaresco en Los Infortunios de Alonso
Ramírez y señala cierta dificultad para definir a esta obra dentro del
género picaresco ya que, según esta autora, sólo existen ciertas recurrencias que
implican dos instancias: “una con filiación literaria y la otra de ámbito
social, siendo ambas las que constituyen la esencia del relato pícaro” (76). De
estas características –de la novela picaresca– la narración se realiza en
primera persona, la edad del personaje, los viajes, el tener distintos amos y
la crítica al entorno social al que pertenece; por ello, estas carencias en el
personaje de Los Infortunios de Alonso
Ramírez la eximen de la composición picaresca.
Sin
embargo, Aníbal González, en Los
infortunios de Alonso Ramírez: Picaresca e historia (1983), contradice la
perspectiva totalizadora de María Casas de Faunce y sostiene que lo picaresco y
las crónicas de conquista “son tradiciones que retoma la obra y propone
objetivamente analizarlo como texto solamente, atendiendo el contexto cultural
de su época, [donde] se retoman solamente [estas características] más no es su
fin último”. Así mismo, señala la existencia de “el artificio del
desdoblamiento por parte del autor para combinar su lenguaje culto, cuando
habla de geografía y cartografía; en contraste con el estilo llano de Alonso.
Pero menciona que aunque a veces la diferencia es notoria, los dos grados de
enunciación son inseparables” (189-204).
Finalmente,
David Lagmanovich, en Para una
caracterización de Infortunios de Alonso Ramírez” (1998) analiza esta
problemática desde un carácter meramente literario y establece ciertas
singulares desde la perspectiva del narrador, poniendo énfasis en la
característica en el que el autor se introduce en el relato: “Mandóme [...]
fuese a visitar a don Carlos de Sigüenza y Góngora, cosmógrafo y catedrático de
matemáticas del rey nuestro señor en la Academia mexicana [...]” (1). Este desdoblamiento
plantea la existencia de cierta complicidad entre un “Yo”, de Alonso Ramírez, y
un “él”, es decir, el autor ficcionalizado. Así mismo, David Lagmanovich (1998)
establece que lo literario de Los infortunios
de Alonso Ramírez se puede denotar en tres aspectos principales: Un
realismo naturalista, la visión de los lugares y la dificultad para clasificar
la obra (411-16).
En
lo que refiere a la primera característica de lo literario que David
Lagmanovich (1998) señala, se encuentran las referencias lingüísticas
enunciadas en la obra misma, por ejemplo “artes guerreras de la pobreza” para
indicar las penurias con las que se defienden el personaje y sus acompañantes,
o las recurrentes vicisitudes del personaje cuando fue cautivo de los ingleses,
aspectos estos marcados por un “descarnado realismo” que impresionan al lector
que se acerca a la obra. El segundo aspecto está referido por la descripción de
los ambientes y la naturaleza que se presenta como adversa para Alonso: islas
agrestes, tormentas, despeñaderos, escasez de alimentos y agua, todos estos presentados
como un drama en la narración. Y por último, el tercer aspecto señala la
dificultad de clasificar la obra de manera formal, por las características
mismas de la narración, pero que “lejos de constituir un defecto, ese rasgo
apunta a una característica permanente de gran parte de la mejor literatura que
han producido los países de la América Hispánica su atipicidad o [...] su
hibridismo” (411-16).
Por
todo lo anterior, se establece que, si bien la narración de Los infortunios de Alonso Ramírez
refiere diversos hechos históricos que pudieron haber sucedido, y que si Alonso
Ramírez pudo haber sido un personaje histórico, ésta es una obra en esencia
literaria ya que una obra literaria refiere múltiples elementos que por el
simple hecho de narrar tiene ya valor literario.
Referencias
bibliográficas:
Casas de Faunce, María.
La novela picaresca latinoamericana.
Madrid. Cupsa, 1977.
Impreso.
Castro Leal, Antonio. La novela del México colonial. México.
Aguilar, 1972. Impreso.
De Sigüenza y Góngora,
Carlos. Infortunios de Alonso Ramírez. PDF. Web. 14 de mayo de
2014.
http://bibliotecavirtualut.suagm.edu/elibros/Infortuniosde%20Alonso%20Ramirez.pdf
Fernández del Páramo,
Javier. “El androginismo literario en los Infortunios de Alonso
Ramírez”.
PDF. Web. 19 de mayo de 2014.
http://home.fau.edu/peralta/web/FACS/infortunios.pdf
González, Aníbal. “Los
Infortunios de Alonso Ramírez: picaresca e historia”. PDF. Web.
17
de mayo de 2014. http://home.fau.edu/peralta/web/FACS/infortunios.pdf
Lagmanovich, David. Para una caracterización de Infortunios de
Alonso Ramírez, Tomo I,
Época
Colonial. Barcelona. Crítica, 1998. Impreso.
Lazo, Raimundo. Historia de la literatura Hispanoamericana.
El periodo colonial (1492-
1780).
México. Porrúa, 1965. Impreso.
Weiman, Robert. “Fabula and Historia: The Crisis of
the ‘Universal Consideration’ in The
Unfortunate
Traveler.” PDF. Web. 19 de mayo de 2014.
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[1] Al respecto, Javier Fernández
del Páramo, en El androginismo literario
en los Infortunios de Alonso Ramírez (2009) afirma que “Infortunios, desde el punto de vista
histórico puede verse como una relación […] Las relaciones tendrán un gran auge
a partir de la llegada de los españoles a América y sirven tanto como
descripción de las novedades, “descubrimientos,” como de función de crónica, o
historia de la llegada y colonización del “Nuevo Mundo.” Estas crónicas,
relatadas por los aventureros, muestran otra función menos altruista, siendo,
algunas veces, compendio de los lances e infortunios por los que los
conquistadores pasan, y presentando en otras una reclamación de recompensa, o
incluso justificación de sus acciones, a la Corona española. Los Reyes de
España, siguiendo la tradición de la Reconquista y de la ocupación de las islas
Canarias, hicieron uso de la iniciativa privada para las empresas de ultramar,
concediendo una serie de privilegios, como cargos administrativos, o
concesiones económicas a los implicados en estas acciones. Como ejemplos de
relaciones en Nueva España tenemos las Cartas de relación de Hernán Cortés o La
relación de Alvar Núñez Cabeza de Vaca” (3).
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